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PRESENTACIÓN

Los seres humanos tenemos un cuerpo, sano o enfermo y que esté de una forma u otra es el efecto de una causa: las emociones y los pensamientos, conscientes o inconscientes, que tengamos.

Nuestras emociones pueden ser positivas o negativas; podemos sentir alegría, tranquilidad y felicidad; o tristeza, miedo, ansiedad, culpa o rabia. De una forma inconsciente tendemos a repetir en las relaciones, con nosotros mismos y los demás, la estructura emocional que aprendimos en nuestra niñez, con nuestros padres o las personas que los sustituyeron.

Tenemos pensamientos que son la interiorización de nuestros sentidos, a un nivel sutil. Usted puede ver estas líneas en la pantalla de su ordenador, o dirigir su vista a su interior, y ver alguna escena que ocurrió en su niñez; puede escuchar la música que acompaña las imágenes de su pantalla, o dirigir su sentido del oído hacia su interior y escuchar la voz de un ser querido; así mismo, puede mantener una conversación con un amigo o darse cuenta de la conversación que sucede dentro de Usted. El 90% de nuestros pensamientos, son repetitivos y como consecuencia inconscientes. Esta repetición inconsciente de emociones y pensamientos, forma la estructura que llamamos nuestro “Ego o Personalidad”.

Y lo más obvio e ignorado por los seres humanos, es que estamos vivos y conscientes. Habitualmente nuestra consciencia está identificada con nuestro cuerpo y ego y, pocas veces es plena y lúcidamente consciente de si misma, experimentando un estado de Paz, Amor, y Conocimiento directo del mundo, no condicionado por la interpretación de lo que nuestros sentidos perciben, ya sea a nivel externo, interno o sutil. Esta experiencia de lucidez y consciencia puede existir por si misma, pero sin Vida y Consciencia no es posible la existencia del cuerpo, las emociones y los pensamientos.

Por lo tanto, el antiguo y equivocado aforismo de René Descartes: “Pienso, luego existo”, se transforma en el verdadero: “Existo, luego pienso”.

Hacia ello va la medicina, después de un gran giro en espiral, donde el antiguo médico – sacerdote vuelve a encontrarse consigo mismo, después de una época industrial de medicina mecanizada; abriéndose hoy las puertas al conocimiento de que somos Luz y Energía condensada en información.

En ese futuro que ya es presente para la vanguardia médica, la salud no es solo la ausencia de enfermedad, y sus tratamientos no deben ignorar los efectos que sobre el cuerpo físico producen, un mal pensar y un mal sentir.

El tratamiento de la enfermedad física ha de tener en cuenta, el pensar y el sentir del paciente, como causas sutiles de las enfermedades, y contemplar la Salud como la Fuente inimaginable de la Vida, que está dentro y fuera de nosotros.

Ese potencial de vida y de salud, es Libertad, Paz, Amor, y Creatividad. Nuestro derecho es experimentarlos. En ello estamos.